viernes, junio 29

Los perros

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Los perros peruanos tienen un foco muy preciso; van directo al tobillo y con ganas de morder nomás. Eso sí, son tan maricones como todos los perros; incluso los más bravos, sí parás y agarrás una piedra reculan de manera muy cobarde. Y el que no…no me pasó hasta ahora y espero que no suceda!. El puma en cambio, sí mueve la cola es porque va a saltar. Me explicó un paisano. También me explicó como ensartar un jabalí. En fin. El primer perro del que tengo recuerdo se llamaba Zaratustra. Ese nombre fue mi primer contacto con la religión persa y la filosofía alemana. Era un bóxer color café con leche. Éramos muy chicos y apenas tenemos recuerdos. Tuvieron que sacrificarlo y mi padre nos dijo alguna mentira muy poco filosófica y nietzscheana. Antes de Zaratustra estaba el Chow-Chow de sus días de soltero. Un día sostuvo al cartero contra una pared parado en dos patas hasta que llegó mi abuela y autorizó a que lo dejara libre. Mi viejo dice que cuando volvía del trabajo silbaba desde lejos y el perro salía a su encuentro. Tenía un nombre que olvidé. Deberían ser días felices aquellos. Nunca oí silbar a mi padre después; sólo en historias como esa. Después del bóxer estuvieron Tip y Top. Un ovejero alemán que desapareció de cachorro (y nos rompió el corazón) y un fox terrier frenético que no paraba nunca como una novia que después tuve. Top era un cazador nato (como la canción de Tim Buckley, Once I was a Hunter). Traía gallinas a la puerta de la cocina, saltaba como un campeón para cazar pajaritos y exterminó varios gatos del barrio también. Tuvo que irse. Después vino Charly, un Cocker azul y blanco. Eran unas manchas negras azabache en verdad pero el color se llamaba azul ruano lo que me encantaba; el nombre. Tiró una calesita con ropa y se masticó todo. Gone. Llegó el tiempo de los cuscos ya que ninguna raza duraba. Estuvo colita. Se acabaron los días de los grandes nombres también. Mi hermana la salvó del moquillo durmiendo un mes entero a su lado y despertando a la madrugada para darle sus remedios. Cuando se curó mi madre la regaló un día que Gabi estaba en la escuela porque rompía todas las plantas. Mi hermana tardó en recuperarse. Y eso fue más o menos todo. Mientras yo estuve en esa casa. Mientras fuimos Gabi y yo. Después nació mi hermano y a él sí lo bautizaron Federico Guillermo, como a el emperador, como Hegel, como Nietzsche. A mí me habían dado el nombre de mi abuelo; jugador y mujeriego. Después, un día, mucho más grande, dejé el Palermo de los jóvenes profesionales donde vivía y en la peor (y única) inversión inmobiliaria de mi vida, abandoné el barrio justo antes de que se convirtiera en lo que es. Me fui a vivir a una quinta y me compré un ovejero belga. Era de color madera. Hermoso. Parecía un lobo y así se llamaba. Me acompañó dos años hasta que un día saltó la tranquera y nunca más volvió. Nunca se lo perdoné. Esa semana pasó un pibe y me dejó un Husky de ojos azules y perdidos. Este era un lobo de verdad. Creo que el pibe era parte de una banda que robaba perros de unas quintas y se las vendía a otras. Estaba tan apenado que no me importó y le dí 50 pesos , lo metí adentro y lo bauticé Noel. Eran tiempos del Britpop. Esa noche no dormí. Despertaba de a ratos a mirar esa fiera con ojos salvajes echado a mis pies. Estaba intranquilo, pensaba que iba a asesinarnos durante la noche. El día siguiente durmió afuera y también desapareció. Después se vino a vivir a casa una novia con una gata pero esa es otra historia. dj malhumor.

sábado, junio 23

Pecados Canninos (XI) - Final

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Fue hace poco, pero parece que el festival de Cannes, ocurrió hace miles de años, en una galaxia muy lejana… Pero como por estos lados no nos preocupan mucho las novedades, ni las noticias de último momento, nos disponemos, ahora, a realizar un balance de esta edición 65º del festival de Cannes. Y que mejor para eso que concentrarnos en su Palmarés (simpática forma de referirse a lista de películas premiadas), pero antes…
Escribí hace tiempo (y lo repito, ya que el público se renueva…) que Cannes es el mejor y a la vez el peor de los festivales de cine. La primer parte de esta afirmación responde a su historia y su halo mítico. Algo que Cannes logró a través del tiempo y que ningún otro festival supo o quiso (hay una decisión política detrás de cada festival) construir. Este lugar hace que todo el mundo quiera ser parte del festival. Desde los consagrados hasta los noveles. El ganador de la Cámara de Oro, Benh Zeitlin, director de la discutible pero visualmente impactante Beasts of the southern wild, al recibir su premio, llamó al festival “El templo”. Este espacio de centro del mundo cinematográfico, lugar en el que hay que estar, punto de partida de la agenda del resto de los festivales de cine del mundo, transforma a Cannes en algo más. Un lugar en donde conviven las más personales de las obras con el último producto de marketing hollywoodense. Un mercado atendido, en algunos casos y cada vez menos, por artistas. Hoy en día no está bien visto escandalizarse por esto, al contrario, es algo aceptado, una forma de sobrevivir, y no solo de los festivales. Ya nadie apuesta por el extremismo. Y Cannes, con una película-escándalo por edición, ya tiene cubierta su cuota de riesgo. Así están las cosas por ahora. 
La parte mala incluye o se desprende de la parte buena. Al analizar los títulos seleccionados, uno se da cuenta que la calidad intrínseca de las películas no es lo prioritario. Tratar de discernir los criterios artísticos de Thierry Frémaux, su agenda, es algo que todos los críticos intentan en algún momento dilucidar con resultados casi siempre poco satisfactorios. ¿Cómo justifica Frémeaux la inclusión de películas como The taste of Money de Im Song-soo o The paperboy de Lee Daniels? No lo hace. O le encuentra méritos y justificaciones dentro de la lectura final y total de la programación. Quién mejor que él, parece decirnos, para explicarnos lo que pasa en el mundo del cine. Aunque para hacernos entender eso, sea necesario mostrarnos también ejemplos mediocres. Lo dicho, la selección de Cannes es algo difícil de discernir. Y todo esto sin considerar los gustos personales y/o caprichos. Quizás, en esta parte tan humana se encuentre la respuesta a casi todo. Pero imposible enfrentarnos a esto. La desazón sería demasiado grande.
Entonces, vamos con el Palmarés, que fue el siguiente:

Palme d'Or:
AMOUR (LOVE) dirigida por Michael Haneke

Grand Prix:
REALITY dirigida por Matteo Garrone

Mejor director:
Carlos Reygadas por POST TENEBRAS LUX

Mejor guión:
Cristian Mungiu por DUPÃ DEALURI (BEYOND THE HILLS)

Mejor actriz (compartido):
Cristina Flutur y Cosmina Stratan por DUPÃ DEALURI (BEYOND THE HILLS) dirigida por Cristian Mungiu

Mejor actor:
Mads Mikkelsen por JAGTEN (THE HUNT) dirigida por Thomas Vinterberg

Premio del jurado:
THE ANGELS' SHARE dirigida por Ken Loach

Empecemos por el principio. Amour de Michael Haneke. Desde su primera proyección ya fue la favorita para llevarse la Palma de Oro. Hay algo indiscutible en esta película. Desde su historia (una pareja de ancianos enfrentando la muerte de uno de sus integrantes), sus actores Jean Louis Tringtignant y Emmanuelle Riva, su puesta en escena, todo. Inclusive cierto humanismo que no suele aparecer en el cine de este austriaco, más acostumbrado a mirar a sus personajes desde cierta distancia y altura. Pero es toda esta grandeza previa lo que termina funcionando en contra. Mas que nunca vuelve a ser pertinente Manny Farber y su teoría del arte (cine) elefante blanco, un cine que exige para sí mismo toda la grandeza del arte en mayúsculas vs. el arte termita, representado por películas que se mueven en el margen, cerca de los géneros considerados menores. (Digo esto simplificando de manera brutal las ideas de Farber). Amour es, sin dudas, un representante perfecto de lo primero. Haneke continúa algo que, de manera menos lograda, comenzó con La cinta blanca (2009). Esto es, trabajar en el género de “la obra maestra” y ubicarse con una sofisticada prepotencia en el parnaso de los maestros del cine. De alguna manera, Amour, es la película perfecta para ganar en Cannes y en cualquier otro festival del mundo (Oscar incluido). El cine de qualité, cambia de forma y vuelve a atacar, siempre.
Por otro lado, para el jurado era la película de consenso frente a otras propuestas más arriesgadas y personales. Amour, obviamente, fue comprada por un distribuidor argentino. Inclusive antes de alzarse con la codiciada Palma. Lo que habla una vez más de la obviedad de todo el asunto. Amour exige su lugar de película importante y lo hace con mejores armas que las usadas anteriormente por Haneke, no suena a poco, y sin embargo... Volveremos sobre esta película (Por amor, creo que será su título local) una vez que se estrene en las salas argentinas.

Como suele ocurrir en los últimos años, la programación de la competencia oficial de Cannes estuvo armada mayormente con directores consagrados o de cierto renombre (merecido o no): Michael Haneke, Abbas Kiarostami, David Cronenberg, Hong Sang-Soo, Wes Anderson y Leos Carax con su sorprendente reaparición.
Este año, esa primera línea cumplió con creces. Y  presentaron películas notables por una u otra razón. Haneke inclusivo, hay que decirlo. Demostraron un cine vivo y que en algunos casos plantean nuevos horizontes para las obras de sus respectivos autores.

Una segunda línea, compuesta por quienes de hacer bien sus deberes terminarán siendo parte de la elite (aunque a veces puedan terminar olvidados con el tiempo, o con una carrera más o menos exitosa, pero que, seguramente, poco aportará a la historia del cine). Ellos fueron este año: Carlos Reygadas, Matteo Garrone,  Cristian Mungiu, Jeff Nichols, Ulrich Seidl, Sergei Loznitsa  y en (muy) menor medida, Thomas Vinterberg,  Jacques Audiard y Walter Salles.
Haneke (cuando era bueno) supo pertenecer a esta categoría, hasta finalmente lograr el buscado ascenso.
Este segundo grupo, que por otra parte arrasó con el palmarés, no estuvo a la altura. Ninguno de ellos, cada uno con sus respectivos, (y en algunos casos ya repetidos) recursos y universos particulares, lograron superar obras anteriores, y mostraron un alarmante estancamiento, cuando no retroceso. Con algunas excepciones, para bien o para mal, sobres las cuales retomo más adelante.
Y una tercera línea dedicada a nombres ignotos, de ser posible, de algún país con no mucha tradición cinematográfica. Posibles futuros descubrimientos de Cannes, lugar de donde deberían provenir los nuevos nombres. Este grupo, directamente, no existió. O, aún peor, estuvo compuesto por películas menores en todo sentido, que apenas si lograron ocupar un lugar de relleno. No sé trata de un cine menor o de baja intensidad, sino de un cine directamente irrelevante. 
Cannes, como casi todos los festivales del mundo últimamente, no hace otra cosa que perpetuar el status quo del mundo cinematográfico y logrando hacer cada vez es más difícil el acceso a nuevos directores. Un club de amigos, con todo lo que esto implica.
Las excepciones para bien o para mal que mencioné anteriormente, fueron los siguientes:
Empecemos por Thomas Vinterberg. El único lugar en donde su cine parece tener alguna relevancia es en Cannes. Así y todo, The hunt es una mejora en relación a esa infamia llamada Submarino (2010), película en la que el danés se enlistaba en esa secta de directores que asesinan bebes (a veces niños) para hacer avanzar dramáticamente sus películas. No hay más aquí que un director con “alma de ejecutante”. Algo que por estos lados, parece ser visto con buenos ojos. De todas maneras, el premio a The hunt fue a su actor. Un premio menor, sin dudas y detengámonos acá: pocas cosas más tristes que la gente de cine hablando de actuaciones. 
Ulrich Siedl, inicia con Paradise: Love –dice-, una trilogía sobre tres mujeres de una misma familia que toman vacaciones por separado, o algo así. Ante cada obra de este señor uno abandona toda esperanza ni bien comenzada la película, y esto vuelve a ocurrir con el primer plano de Paradise: Love pero, extrañamente, con el pasar de los minutos la  historia de una señora cuarentona en busca de sexo (y algo de amor) de unos vigorosos muchachos negros en las playas de Kenya, una historia que hace prever lo peor, llega hasta lograr ciertos momentos de humanismo. Inclusive cierta mirada  cariñosa y nada despectiva, ni juzgadora, algo impensable en trabajos anteriores de Siedl. 
Hay más en esta película: turismo sexual, relaciones de clase, temas raciales, todo lo suficientemente complejo como para no dedicarle más tiempo y espacio. Por ahora digamos que cierto cariño que muestra Siedl sobre su personaje protagonista, ya es suficiente para lograr, quizás, su mejor obra.
A Carlos Reygadas, y su Post Tenebras Lux, le toco el lugar del escándalo. Espacio que supieron ocupar en otros años, y no siempre por motivos cinematográficos, obras tan dispares como Melancholia (2011) de Lars von Trier y Vincent Gallo con su notable y ya mítica (exageremos en nombre del cine) The brown bunny (2003). Como se ve, gente complicada.
Post Tenebras Lux cuenta de manera episódica la vida de una familia mexicana. Su forma narrativa escapa a todas las convenciones y, de alguna manera, remite a The tree of life (2011) sin dinosaurios, pero con un diablo. Reygadas dice haber filmado antes su película y habrá que creerle. Otro punto de comparación, o posible referencia o pista, podrían ser algunas de las películas de Jonas Mekas. Cierta idea de registrar instantes personales, escenas familiares, momentos a priori anodinos, y transformarlos en cine. Una gran diferencia es que en Mekas la maquinaria cinematográfica no existe (producción, equipo técnico, etc.) y sí en Reygadas.
La película fue recibida en su primera función para la prensa con abucheos (ay críticos,  vergüenza debería darles…). Lo cual, obviamente, despertó la adhesión enfervorizada de otros sectores del gremio. La típica película que a la hora de las puntuaciones (las benditas e irritantes estrellitas) sus votos se polarizan entre el 1 y 10, con pocas paradas en el medio. Reygadas es un cineasta inasible, autor de obras tan disímiles y enfrentadas como Batalla en el cielo (2005) y Stellet licht (2007) Un director con un universo tan personal y propio que se hace difícil, a veces, contextualizarlo. Mucho más frente a la velocidad que imponen los festivales a la hora de emitir juicios.
Su película junto a la de Leos Carax fueron las obras más arriesgadas en un festival, ya lo dijimos, cada vez más adocenado. Ese fue su merito, y quizás también su límite. No es Reygadas un director inocente (tampoco debería serlo, claro), ni mucho menos lo es su cine. La libertad que muestran por momentos sus imágenes, se ven a veces frustradas por cierto calculo. No hay ingenuidad, ni una escritura surrealista en escenas como en las que aparece el diablo o en la que un personaje se arranca –literalmente- la cabeza. Otra de las películas sobre las que habrá que volver.
Poco hay  para decir de Ken Loach y su The angels’ share. Sus últimas películas solo están logrando socavar su obra anterior. Ya nada queda de aquel cineasta (aunque fue hace mucho tiempo, alguna vez lo fue) autor de Poor cow (1967) o Kes (1969). Ni siquiera quedan rastros de ese héroe de la clase trabajadora que a principios de los 90 realizaba simpáticas y combativas películas como Riff raff (1991). Hoy se trata de un director oficialmente consagrado. El que más películas tuvo en la competencia oficial del festival de Cannes en su historia, dicen los fríos números. Lo que se desprende de ese dato, no es algo bueno. Hoy en día, Loach es el portavoz oficial de una Inglaterra que en la superficie, parece haber hecho las paces con sus propios demonios. Quizás Loach no hace otra cosa que confirmar la maldición que Godard echara alguna vez sobre el cine made in UK. Lo seguro es que sus películas se alejan cada vez más del cine, o peor, cada vez perfeccionan más algo que podría definirse como mainstream de autor. Un cine narrativo y simpático, lo suficientemente bien realizado como para no dar vergüenza y funcionar –al menos durante los festivales de cine- como remanso y alivio frente a un cine más arduo. Es el final terrible al que suele conducir eso llamado “el cariño del público”. Como siempre, como casi todo, se trata de una cuestión de elecciones. Ken Loach ya las hizo y logró adaptarse y aceptar con una sonrisa, un mundo que antes había mostrado como terrible. Al hacer esto, eligió quedarse del lado de los poderosos y desde ese lugar ejercer su paternalismo, no solo con sus personajes, sino también con nosotros.
Debería decir algo de Matteo Garrone y Reality, pero el paso del tiempo y el cansancio con el que vi la película, solo logran que recuerde un constante fastidio por esta historia de un participante de reality show. Como suele ocurrir con la televisión y sus fenómenos, el cine parece no tener nada que decir al respecto. Pido disculpas al señor Garrone, será en otro momento.
Jacques Audiard, quien después de llamar la atención mundial con la poderosa Un prophète (2009), intenta esta vez realizar un melodrama brutal y solo termina logrando una película bruta, en el peor de los sentidos, con De rouille et d’os. El año pasado nos indignábamos con la inocencia nostalgiosa prefabricada de El artista (2011), ahora viene Audiard para confirmarnos que todo puede ser peor.
Hay que agradecer al jurado no haber caído en ninguna justificación localista e ignorarla olímpicamente a la hora de los premios.
Lo que no hay que perdonar a este jurado, es haber dejado de lado los mejores trabajos de esta edición. Hay que ser demasiado ciego para no ver los méritos de Like someone in love de Kiarostami, película que solo en su primer plano secuencia ubica a su director muy por encima de sus premiados colegas. O el inesperado retorno de Leos Carax con la sorprendente y vital máquina narrativa que es Holy motors. Ni que hablar de esas enormes miniaturas que son In another country de Hong Sang-Soo (a esta altura, y sí, hay que repetirlo, el mejor director del momento) y Moonrise kingdom de Wes Anderson. O el fin del mundo visto a través de los vidrios de una limusina que gira por la noche en Cosmopolis del inefable David Cronenberg. Todas ellas geniales muestras del talento (y dominio de sus recursos y universos) de sus respectivos directores.
La lluvia que acompañó a casi todas las jornadas del festival se justificó al final: eran las premonitorias lágrimas de los cinéfilos sospechando lo que sería el palmarés final. 
Así termina, una vez más, otra edición del festival de Cannes. El secreto de su programación sigue sin revelarse. Quizás por estar tan a la vista.

Y llegamos, ya era hora, al final de estos Pecados Canninos. Es momento de los agradecimientos.
Todo esto no hubiera sido posible sin la ayuda, colaboración y apoyo de las siguientes personas:

Encerrados afuera, por el espacio y la confianza. No solo me dejaron entrar a su casa, me dieron las llaves y me dejaron hacer lo que quisiera. Lo cual me produjo orgullo, claro está. Y debería decir responsabilidad, pero no creo que esta gente conozca el término de esta palabra. Por algo nos llevamos tan bien.
Pablo Conde, quien se encargaba de subir, adornar las notas y soportar mis reclamos de diva al ver que a veces tardaban más tiempo del que creía necesario. Pablo, you complete me...
Y last, but not least, a la imprescindible Cecilia Barrionuevo, quien se encargaba de recibir mis textos (ilegibles mamotretos) y con paciencia absoluta desentrañaba significados, corregía ortografías y aclaraba conceptos hasta transformarlos en algo decente. En síntesis (y le robo esta idea a alguien, pero no importa), hizo todo menos escribir estas notas. Cada uno de estos Pecados Canninos debería haber llevado las firmas de los dos. Que no haya sido así, es una injusticia de mi parte. Te prometo, Ceci, que en un futuro no muy lejano me voy a comprar un diccionario de ortografía y otro de gramática para hacerte la vida más fácil. Ya que esta parece ser tu tarea en mi vida, hacerme todo más fácil. Y mejor, claro.

Listo, hasta aquí llegamos. Me despido de estos Pecados Canninos que tantas alegrías me dieron. Terminar cada jornada contándoles a ustedes todo lo que había visto y hecho, funcionó como un cable a tierra y me ayudó a mantener la cordura en un lugar y momento en donde esto hace mucha falta. Para una persona como yo, no es poco. Al contrario.
Hasta luego entonces.

Marcelo Alderete (quien pronto volverá con nuevas aventuras).

Continuará...

jueves, junio 21

Sí Dios nos hace caso.

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Entonces uno del jurado agarró el micrófono y le dijo al pibe ahí indefenso sobre el escenario, ¨sí dios nos hace caso; se va a cumplir tu sueño de tener un estudio de grabación¨. ¡¡Cuántos años de psicoanálisis para tanta seguridad!! Quiero ya mismo el nombre de esa terapeuta!! Antes Lerner agradecía a las ballenas y a un dentista que le hizo un conducto de novela. Las cosas que me animo a hacer cuando me siento fuerte. Miro la tele como si fueran señales que llegan de otro planeta. La cara de Almeyda cuando Dominguez erró el penal el otro día… Miss Mundo

lunes, junio 18

Dj malhumor en el valle sagrado.

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La antigua miss malhumor abandonó el barco por considerar la lucha contra el mal muy mal paga, inestable laboralmente y metafísicamente improbable. Batichica sigue camino por considerar la lucha contra el mal un trabajo demasiado estable y sino rutinario al menos previsible. Tuvieron los dos la siguiente conversación. ¨Sos demasiado ordenado, ya sabés lo que vas a hacer en octubre¨. Malhumor no entiende a las mujeres. Salteándose varios países Batichica se sacó un pasaje a L.A. California (hay por lo menos otra L.A. en Bolivia, otra en Chile y otra en la provincia de Bs As cerca de Costa Bonita, la única playa sin arena de nuestra costa atlántica) y dejó a malhumor con la duda de si era una invitación a seguirla o a dejarla ir. En L.A. vive en un barco uno de los hermanos de batichica; el otro recorre Brasil con una guitarra y en una bici playera. Malhumor se fue a dormir algo intranquilo. Despertó pensando que no es su estilo seguir a nadie; que para algo es súper héroe, aunque mal pago e incomprendido. La acompañó hasta el aeropuerto en bicicleta como habían hecho con él en Francoforte sul Meno hace un tiempo y se despidieron seguros de volver a verse como si el mundo fuera un pañuelo. Los días siguientes se dedicó a ver su tele novela favorita; Dr. House. Por una especie de ley de reciprocidad karmática recibió alojamiento en una hermosa casa con vista a otras casas viejas que se iluminan al atardecer y a una enorme montaña nevada que le hace acordar al Everest en donde nunca estuvo. Los recuerdos se mueven de un cerebro a otro a una velocidad inusitada y ya nadie sabe cuales pertenecen a cada cual. House empezó como un drama hiper-realista para terminar como cuento de hadas; así y todo le recuerda a malhumor sus días felices en el hospital como residente y se ha dado la tarea de ver todos los capítulos. En Cuzco todo el mundo festeja todo el tiempo y no más salir a la calle hay una procesión o una banda de vientos muy desafinada. Lo que no es importante. Todo el rock llamado nacional se apuntaló con bandas de vientos desafinadas. Algún día malhumor escribirá ese otro libro planeado; ¨El saxo que salvó al rock en castellano¨. Ve un capítulo de House, escribe unas líneas para un artículo que prometió acerca de ultra maratones y sube a la terraza para ver cómo cambia la luz. No muy lejos de acá hay una valle sagrado y Machu Picchu. El valle sagrado debe ser el lugar más profanado del planeta. Así y todo malhumor ya se maravilló una vez de cómo resiste las capas y capas de fotos, flashes y miradas perdidas. Por acá todo es Inca. Como en el sur todo es patagónico o en Ushuaia todo es lo más austral del mundo. La coca cola, la cerveza o los pañales. Malhumor opta por no moverse de esta terraza increíble hasta que decida si seguirá hacia el Pacífico o emprenderá, como el mismo Kurt, su viaje al corazón de las tinieblas. Batichica por su parte, vuela. Dj malhumor.

jueves, junio 14

Insomnia

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La última noticia que tuvo de Sarah es que estaba en Gales haciendo alguna especie de trabajo voluntario. Antes había recibido otro mensaje donde le contaba que cruzaba Canadá de una punta a la otra manejando un camión. Le contaba que recorría regiones remotas y que se le cruzaban en la ruta animales salvajes y que tenía mucho tiempo para escuchar muy buena música. También le decía que dormía en hosterías que quedaban arriba de los bares en la ruta. Esto último puede ser un invento de malhumor o algo que vio en una película de una chica que manejaba un camión como Sarah. Cuando llegaron a La Paz dj malhumor y batichica tomaron momentáneamente rumbos distintos; cada uno para Copacabana, él hacía Río, ella hacía a la meca hippie junto al lago Titikaka. Ahora malhumor volvió a La Paz, retomó el camino y la sigue como si fuera la cacería de un carnero salvaje. Durante estos días recibió mensajes fragmentarios de Batichica. Que estaba algo débil, que se había comprado un mapa; que asistía a clases de quechua; que encontró unas termas a 4000 metros de altura y sola en la pileta se dedicó a ver las estrellas; que a la noche hace mucho frío. En un último mensaje le pidió que trajera más yerba. Ahora malhumor está, digamos, un par de días detrás. Y por las noches, a veces, despierta y le vienen recuerdos de vidas pasadas. Sus días en Montreal por ejemplo. Montreal fue para malhumor la Sala Rossa; BSS; las tardes azules y heladas y Sarah. Con Sarah todo fue malentendido desde el inicio. Lo que no siempre empeora las cosas. Malhumor jamás pensó que una chica tan sofisticada pudiera fijarse en él. Las ideas que se hacen los hombres de las mujeres. Un misterio. Ella era una persona muy normal que hacía cosas nada normales. Como vivir tres años en China, como vivir tres meses en un monasterio en Vancouver, como usar calzoncillos bóxer. La cosa es que el día que malhumor la conoció y entre otra gente que había en la cocina de la que sería su casa por unos meses ella lo invitó a ver un concierto de su amigo que había venido desde Vancouver a tocar en Pop Montreal. Malhumor escuchó boyfriend en lugar de un simple friend y pensó que ni en pedo iba a ir a ver al canchero ese y solo atinó a decir que él también tenía una novia en Buenos Aires; que era bastante más lejos que Vancouver llegado el caso. Wrong. Tiempo después cuando finalmente tomaron una cerveza se enteró que no había tal novio. La charla fue mientras esperaban las pizzas para la fiesta de esa noche donde malhumor pasaría un poco de música. También se enteró que Sarah había estudiado filosofía y que como él mismo; pensaba que la filosofía académica era una lengua muerta. Malhumor comprendió todo en un segundo y comprendió tristemente que había elegido a la chica equivocada. Ya se había liado un poco con la mejor amiga de Sarah a quién le daba unas toscas clases de español. Sarah y su mejor amiga tenían una banda que malhumor escuchaba a veces desde su cuarto en unos ensayos extraños que las chicas tenían algunas noches. Apenas se escuchaba. La manera que le gusta escuchar a Brian Eno; así, desde lejos, como de casualidad. Volvieron con Sarah a la casa y con las pizzas en un mundo que había cambiado para los dos ahora que sabían cómo eran las cosas. Malhumor pasó un poco de música hasta que fue desplazado por un dj con más pista (su eterno karma) y no sabiendo con cuál de las dos amigas quedarse se quedó dormido en un sillón después de haber bebido bastante. Días antes de dejar Montreal malhumor se cruzó a Sarah en una de las veredas del Mile End. Era uno de esos días de cielo claro, frío y nieve en las veredas. Le contó que se volvía a Bs As; ella le contó que se iba otra vez de retiro a un Ashram. Fue raro. Quería decirle muchas cosas pero nada le vino a la boca. Se quedaron un rato callados y se dijeron algo así como nos vemos. Ella caminó unos pasos y malhumor le grito Sarah Records. Fue lo único que le vino a la cabeza. Sarah se dio vuelta y lo miró con cara de qué cosa. Sarah Records es el sello de la música que escuché por años le dijo. Una música como vos. Malhumor no recuerda qué más pasó. Seguramente se dijeron otra vez chau. O algo por el estilo. Eso. Tiempo después los mensajes. Ahora le llegan los mensajes de Batichica. Que los espera con mermelada de Ananá; que le gustaría seguir hacia la selva; que ojalá gane River. Dj malhumor.

sábado, junio 9

Homeless

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El sueño de Dj Malhumor de estar de incógnito en su propia ciudad. Que nadie sepa por dónde anda. Oculto en la selva como el tigre. Alojado como un espía en un hotel de lujo en el bajo. Por la noche puede ver desde su ventana la ciudad en silencio y desierta. Baja al bar mediante ascensores espaciales y se sienta en una barra larga y vacía. La camarera aburrida en la madrugada hace su guardia. Solo faltaban los Tindersticks hablando de su whisky melancólico. Tuvo Malhumor con la camarera esta conversación increíble y maravillosa. ¿Te gusta el cine? pregunta Malhumor con una sagacidad que tantas veces lo hizo despertar en lechos desconocidos. ¨Una vez fui¨ responde la chica de sonrisa pícara y ojos oscuros. ¿Cómo será habitar esa alma? se pregunta Malhumor. Imagina que la chica recién llegó a Buenos Aires después de haber cruzado el Atlántico en un barco. Habrá zarpado de Bremen o Hamburgo; Génova o Lisboa. Tiene que ser de algún lugar muy lejano para no haber ido nunca al cine; tiene que ser de otra galaxia. Como todos duermen la camarera le pregunta si puede prender un cigarrillo. Se da cuenta que su molestia al humo es selectiva y que no todos los cigarrillos le hacen mal a los ojos. Claro, que prenda el cigarrillo le dice Malhumor y le cuente como es una vida sin películas. El sueño de George Steiner de un mundo de presencias reales tal vez. O un mundo plano sin sueños. No lo se. Quién sabe.
DJ Malhumor.

lunes, junio 4

Pecados Canninos (X)

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(REPORTA DESDE CANNES, MARCELO ALDERETE, AUTOPROCLAMADO "LAST MAN STANDING")
La playa, un lugar cercano y a la vez tan alejado de los cinéfilos que asisten a Cannes, fue la protagonista de una de las mejores jornadas del festival. En un caso de manera real y en otro, figurada.
Entre los títulos restaurados que este año se programaron dentro de la sección Cannes Classics, hubo dos películas importantes y difíciles de dejar pasar. Una de ellas, la versión extendida de Erase una vez en América (1984), de Sergio Leone y la otra, Tiburón (1975), de Steven Spielberg. Esta última contaba con un detalle muy particular: su proyección iba a ser en el cine de la playa, al aire libre. Hay ideas muy obvias que, al verlas realizadas, se transforman en genialidades absolutas. Este fue uno de esos casos. Ver Tiburón, en un playa, es algo demasiado perfecto. Una de esas experiencias cinéfilas que uno se lleva en el corazón. La novedad de esta nueva versión sólo esta relacionada con la restauración de la calidad original de su imagen. Se trata de una copia digital (todo no se puede) en 4K. No hay extras, ni cambios en el montaje, ni nada por el estilo. La presentación estuvo a cargo de un Spielberg grabado, quien muy jovialmente agradeció a los programadores de Cannes Classics por haber elegido su película y dijo no tener nada en contra de los tiburones; al contrario, estaba muy agradecido con ellos, a quienes debía gran parte de su fortuna.
Las proyecciones al aire libre que se realizan en Cannes, son bastante impresionantes (me pregunto qué no lo es en Cannes). La pantalla que montan en la playa, el sistema de sonido, las simpáticas sillitas playeras que funcionan como butacas, hasta la manta que se entrega a cada espectador, todo hace que la experiencia en sí sea un lujo, y algo digno de ser vivido. No se trata simplemente de sumar una actividad popular (son las únicas funciones en donde puede entrar todo el público), sino de ofrecer algo distinto dentro de un festival. Así y todo, las cosas nunca son del todo perfectas. Los cambios de climas, protagonistas absolutos de esta tormentosa edición del festival, hicieron que varias veces las funciones sean suspendidas o con poco público. La noche al lado del mar se pone fría, y ahí sí, no hay manta que resista.
Otro problema es el sol. Recién alrededor de las 21:30 la luz empieza a desaparecer y esto afecta la calidad de la proyección aunque, de todas maneras, la cosa se soluciona naturalmente cuando termina de caer. En cuanto al sonido, la cosa es más terrible. La playa cannina esta repleta de carpas que a la noche se transforman en discos, con sus beats acelerados desparramándose por toda la costa. Un ruido que, inevitablemente, llega al Cinema de la Plage. Disco is not dead en las costa de Cannes.
En cuanto a la película, no es mucho lo que tengo para agregar. Basta decir con que sigue manteniendo toda su fuerza original. Sobre todo con una audiencia entregada al disfrute que no paraba de vitorear cada una de las icónicas escenas de este clásico. "You're gonna need a bigger boat", dice el Jefe Brody (Roy Scheider) y la platea estalla en aplausos. La larga escena dentro del bote, en donde los protagonistas comparan heridas de guerra (escena que bien podría funcionar como una especie de John Cassavetes en clave mainstream), sigue siendo graciosa y terrible a la vez. Uno de los grandes momentos de uno de los realizadores mas importantes de la historia del cine. Todo sea dicho.
El otro momento playero, vino de la mano del cada vez más grande y, paradójicamente, humilde Hong Sang-soo. El cine de Hong se concentra cada vez más y ahora, en In Another Country, llega a un límite difícil de superar. La historia, como ocurre con sus últimas películas, está dividida en varias partes, tres en este caso.
Todo comienza con la llegada de una madre y su hija a las playas de Mohang. La hija, para calmar sus nervios, decide escribir un guión. Ese guión es la película. Tres historias que repiten sus locaciones, actores, objetos, incluso diálogos. Este recurso, (que a priori parece provenir de un lugar infernal donde viven las ideas para guiones de todos los estudiantes de cine del mundo), funciona de manera exquisita. Estamos en el terreno de la comedia romántica pura. Todos los elementos del cine anterior de Hong están aquí pero, repito, de manera concentrada.  Y es quizás su elemento más particular, la presencia de Isabelle Huppert, lo que transforma a esta película en algo genial y la eleva por encima del resto de las películas participantes en cualquiera de las otras secciones del festival, en competencia o no.
A diferencia de lo que suele ocurrir con el cine de nuestro bendito país, en donde las co-producciones con otros países son justificadas con las siempre extrañas e inverosímiles apariciones de algún personaje extranjero, aquí la aparición de Huppert termina de transformar la película en una genialidad. Huppert entra al universo de Hong Sang-soo y automáticamente se transforma en uno de sus personajes borrachines, enamoradizos y parlanchines. Por otro lado, el protagonismo de Huppert y el hecho que -aunque sea desde la ficción- el guión sea escrito por una mujer, logran que In Another Country sea el primer título de Hong con mirada femenina, por no decir directamente feminista. La inclusión de una extranjera como objeto de atracción, también transforma la película en una hilarante crítica a los hombres coreanos y sus actitudes machistas, por otro lado tan parecidas a las del resto del mundo.
La otra particularidad de la película, es su joven protagonista, el actor Yu Junsang interpreta a un guardavidas, cuyo personaje responde a ese nombre: El Guardavidas. La actuación de Yu es vital y la actividad que lo define: física; a diferencia de los eternos intelectuales que pueblan las películas de Hong Sang-soo. Aquí Yu, nada, canta, cocina y hace el amor sin ningún tipo de carga intelectual que se interponga en sus vitales deseos. Ante un problema sentimental que parece no tener solución (los diálogos entre Yu y Huppert son todos tan graciosos como inolvidables), el simpático Yu solo dice "Whatever" y sigue adelante o mejor dicho, sigue esperando en su carpita al lado del mar. Algo impensable en los vuelteros y enredados personajes de Hong. Algo que sí comparte con anteriores personajes hongsangsianos, es la insistencia a la hora de conquistar mujeres. ¿Quién podría culparlos?
Uno de los grandes momentos de la película, es el siguiente: Isabelle Huppert camina por una especie de bosque rumbo a la playa, tomando de la botella tragos de Soju, una potente y exquisita bebida alcohólica coreana, como todos deberían saber. En un momento se detiene y, con toda su belleza no sólo intacta sino cada vez mayor (si tal cosa es posible), se sienta sobre una roca, toma un largo trago y una vez finalizado dice "Ahhh".  Al rato vuelve a tomar otro trago y repite: "Ahhhh", segundos más tarde, nuevamente vuelve a tomar otro trago y repite por última vez: "Ahhhhh". Imposible ver esta escena y no enamorarse perdidamente de la pelirroja de Huppert. Un verdadero orgasmo cinematográfico, si me permiten el exceso. Hong Sang-soo demuestra una vez más su amor por el cine. Un tipo de cine que, a la hora de las premiaciones, siempre es dejado de lado a favor de otro que parece creer que más (más drama, más intensidad, más actuaciones, más sordidez, más virtuosismo, más marcas de autor) es mejor. Como antídoto a esta idea, el cine de Hong se concentra y se centra cada vez más en su universo. Creando una especie de miniaturismo -que no minimalismo- con su cine, que lo emparenta con Wes Anderson. No importa, la realidad cinematográfica del mundo indica que Cannes necesita de Hong, mas que Hong de Cannes. El mejor director de cine de la actualidad. No hay dudas.



Cosmopolis, de David Cronenberg, adaptación cinematográfica de la novela fin de milenio de Don DeLillo, era una de las películas que despertaba mayores expectativas entre la prensa (la especializada y la otra) y el público de Cannes, y  no sólo por estos dos nombres relacionados al proyecto. El protagonista absoluto no es otro que el ídolo teen Robert Pattinson, en su primera película "seria". Hay que decir que no desilusiona el tal Pattinson, al contrario, y también hay que decir que una vez realizada la primera pasada de Cosmopolis, ese entusiasmo previo se transformó en desilusión y silencio. Incluso la revista digital (norte)americana IndieWire, la ubicó primera en la lista de las películas más decepcionantes de este Cannes. Nada más lejos de la realidad. Cosmopolis fue uno de los grandes títulos de esta edición del festival.
Cronenberg, a diferencia de la gran mayoría de sus colegas, es un intelectual, no sólo alguien inteligente o articulado. Sus intereses van más allá de los del mundo del cine. Basta escucharlo (o leerlo) hablar sobre su cine para notar esto y ver la diferencia con muchos de sus colegas. Cosmopolis es quizás su película mas filosófica y, sin dudas, la más hablada.
Es conocida la admiración y el interés de Cronenberg hacia la figura de Guy Debord. Evidente en su corto At the Suicide of the Last  Jew in the World in the Last Cinema in the World, realizado para el film  colectivo Chacun son cinema (2007), que se puede ver acá. Cosmopolis adopta mucho del (anti)cine de Debord, inclusive podría llevar como sub-título "Dimos vueltas por la noche y fuimos consumidos por el capitalismo". Cosmopolis es puro movimiento y textos en forma de diálogos mientras, de fondo, el mundo se cae a pedazos.  Es difícil saber qué espera el público y la critica de Cronenberg. Su universo es tan personal que puede echar mano a las fuentes e historias más diversas, como lo hacían los directores de la época del cine clásico americano. De la vida de Jung a una novela que cuenta las penurias de un yuppie tardío, todo se convierte en cine en las manos de este autor. Y en un cine altamente personal.
Cronenberg, gran lector, entiende el universo de DeLillo (que no es otra cosa que hombres encerrados en habitaciones, conversando, mientras afuera, el mundo cambia vertiginosamente), y le hace decir a su protagonista una frase de otro libro de DeLillo, White Noise, en un gran momento de la película: "No hay nada mas erótico que el talento desperdiciado". Quizás ahí, en esa frase, este la clave de Cosmopolis, una película sobre gente que desperdicia su talento, y encuentra erotismo en esto. No sólo vidas, también una década desperdiciada.
"¿Adonde van a dormir todas estas limusinas de noche?" -se pregunta el protagonista de Cosmópolis- y la respuesta, por esas casualidades del cine, se encuentra en otra de los grandes títulos de este festival: en la increíble Holy Motors de Leos Carax; película en la que también su protagonista recorre la noche al bordo de una limusina.
Un viejo sueño de los programadores de festivales, es poder lograr que las películas seleccionadas dialoguen entre ellas y al hacerlo muestren un mapa del estado actual del cine y, en consecuencia, del mundo. Ese viejo sueño (casi un pequeño milagro), hizo su aparición en Cannes mientras el jurado estaba mirando para otro lado. Una lástima.
Otro gran director que paso desapercibido, es Koji Wakamatsu con su film The Day Mishima Chose His Own Fate. La película cuenta la historia de los últimos días del escritor devenido militar Yukio Mishima y, dentro de la obra de Wakamatsu, funciona como contrapartida (o el otro lado) de United Red Army (2007). Sin embargo, si bien los temas son los de siempre, hay algo de antiguo (y no dicho de manera despectiva) en las formas cinematográficas de este autor que lo mantienen fuera del radar de la crítica, los jurados y el público. La historia y la política parecen ser temas que ya no interesan a nadie. Así lo demuestra la nula repercusión de esta película. Koji Wakamatsu, director con cierto renombre pero al que nunca le llegó la consagración merecida más allá de ciertos círculos selectos, es uno de esos nombres que Cannes utiliza como relleno de su programación, a cambio de resaltar otros nombres más modernos y más acordes con los signos y supuestas exigencias de estos tiempos. Otra lástima.
Se van terminando estas crónicas. Solo me queda enviarles una próxima nota en donde daremos cuenta de los premios en la sección oficial (y algunos mínimos comentarios de los otros), más un pequeño balance. Me llegan rumores de que el festival ya termino hace casi una semana. Lo dicho: rumores. Me despido nuevamente, a bordo de mi limusina, Marcelo Alderete, last man standing.

sábado, junio 2

This must be the place

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Por extrañas simetrías que a veces suceden; luego de decir adiós con tristeza en La Paz, Batichica fue a parar a Copacabana; 3500 metros de altura sobre el nivel del mar y a orillas del Lago Titicaca. Según le hizo saber en un último mensaje; algo débil y un poco desorientada. Malhumor, por su parte; tal vez no queriendo ser menos; también fue a parar a Copacabana, pero junto al océano Atlántico en Río de Janeiro y apenas mirando sobre el nivel de las olas ¿De qué hablará está extraña coincidencia? ¿Será que están hechos el uno para el otro? ¿Volverán a encontrarse en una tercera Copacabana como si fuera una de las ciudades invisibles de Italo Calvino? Nadie puede saberlo y nada es permanente en la vida de nuestro héroe. En todo caso Malhumor, pensativo, sentado en un kiosco en la avenida atlántica, reflexiona y bebe lentamente y en pajita su caipirinha. Mulatas pulposas se le ofrecen a precios módicos pero él desiste y en un gesto romántico (está frente al mar después de todo) le compra a Batichica un regalo en un acto que es como un talismán. La vendedora callejera es una mujer de pelo corto y teñido que lo mira a los ojos y le dice que hizo todo el camino desde Santa Lucía (debe ser lejos) porque sabía que él le iba a comprar. En efecto cuando la mujer apareció Malhumor pensaba, quisiera comprarle algo a la rubia. La mujer lo saludó y se alejó lentamente para perderse en la oscuridad no sin antes mirarlo una última vez con ojos penetrantes. Malhumor podría contar lo que hizo esta tarde o contar a su vez de Lucía, una chica eslovaca que conoció en Mallorca y con quien alguna vez planeó escapar en busca de una mejor vida. Pelirroja y de pelo muy corto, con dos ojos como almendras. Un poco loca claro; también. Por supuesto. Linda y loca. Así le gustan y todavía no aprendió cual de las dos características es su condición erótica. En ese tiempo Malhumor por las noches desarrollaba una labor filosófica parecida a la de Desmond en Lost y durante el día era camarero. Cuando terminaba su turno de trabajo, ya de noche, se iban con la cabrona a mirar los veleros y soñar con África. O podría contar de una película que está viendo en este preciso momento; tirado en su cama del piso 13 de un hotel que jamás podría pagar si debiera hacerlo. Sean Penn como una vieja y millonaria ex estrella pop gótica. Recorre América y busca un nazi que atormentó a su padre. Referencias pop eruditas como alguna vez se aludía a la mitología romana y griega; los ochenta, nuestros clásicos. Música de David Byrne en tándem con Bonnie Prince Billy; ícono tras ícono tras ícono. Paisajes solitarios y música incidental de Arvo Part; la clase de películas que nos gustan. Malhumor recuerda esta mañana cuando subió al Corcovado y se sorprendió con la noticia de que es muy hermoso. Sí, el Cristo Redentor es bello. Como sí a alguien le importara la opinión de Malhumor al respecto; como si alguien quisiera escribir una review acerca de la Torre Eiffel por ejemplo. Pero el caso es que tan acostumbrado como estaba al Cristo cordobés de La Cumbre o el multicolor y mucho más moderno del acceso Oeste, Malhumor jamás imaginó esta sorpresa. El icono alguna vez fue otra cosa. Fue la más grande escultura Art Deco del mundo. Observando esa geografía increíble de piedras y paredes de roca que emergen del mar. Y el color de ese mar y los turistas japoneses y la hermosa americana y la otra chica con una camiseta de una maratón en Villa Gesell; todos reunidos en el punto más fotografiado del planeta. This must be the place se llama la película. Y la canción que seguramente más le gusta de Talking Heads a los que nunca comprendió del todo. A Lucía nunca la volvió a ver aunque una vez recibió un mensaje. Estaba de vuelta en Bratislava y tenía un hijo. Lo más cerca que Malhumor estuvo de tener un hijo fue así; estando con chicas que deseaban tener uno mientras él pensaba quién sabe en qué. El soñaba con paisajes exóticos seguramente. Durante la tarde un americano simpático y solitario le contó cómo conoció a su segunda esposa; su verdadero amor. Fue en un partido de los Dodgers. La vio de lejos y caminó todo lo necesario para llegar junto a ella y a ese asiento vacío que era la chance a la que aferró su vida. En un momento de la conversación el americano impasible sacó la billetera para mostrarle el papel donde ella le escribió su teléfono hace cincuenta años. Era un trocito, amarillento por el tiempo del programa del día; se alcanzaba a leer Dodgers vs…Un pedazo de historia americana; un número; un nombre, Lucy, y un destino. Home/ is where I want to be. Ella abrió sus alas y supe que había llegado a casa. La versión de la canción y la película. Malhumor no entiende bien inglés y le da pensar e inventar lo que quiera. Dj malhumor.

viernes, junio 1

Pecados Canninos (IX)

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(YA NO DESDE CANNES, REPORTA MARCELO ALDERETE, MANIACO A SECAS)
 Mientras escribo esto el Festival ya terminó y yo estoy en algún lugar en el aire a bordo de un avión, tratando de recordar eventos (y películas) que, parece, ocurrieron hace siglos. Uno de ellos, espero que me acompañen, es el siguiente.
Suelen ser raras las llamadas "medianoches" en el festival de Cannes.  Habría que ver si responden a un gusto cierto de su programador Thierry Fremaux, o simplemente una costumbre heredada (mejor dicho: compartida) por la mayoría de los festivales de cine. Mas allá de especulaciones, los títulos que ocuparon esas noches movidas, fueron tres y, a priori, prometían y mucho. Drácula 3D, de Dario Argento, Maniac, de Franck Khalfoun y la nueva (al menos por estas horas), película del inoxidable y eterno Miike Takashi, For Love's Sake, titulo que, ¡ay!, no pudimos ver.
Hace unos días, y a raíz de la presentación de Drácula 3D, conversábamos vía Twitter con la amiga Griselda Soriano, sobre lo que ocurre con los críticos "serios" y el cine de terror (por llamarlo de alguna manera). Si bien desprecio no sería la palabra indicada (hoy lo "pop" dentro de cualquier tipo de critica cultural es políticamente correcto), hay cierta mirada de segundo grado, sesgada a veces, que los críticos de "paladar negro" le dedican a este tipo de cine. Pero hay algo peor, y es cuando esos críticos tratan de entender esas películas o leerlas desde sus sus miradas. Basta como ejemplo de esto, lo ocurrido en la última edición del BAFICI y su sección de medianoche. El otro problema cierto es, justamente, los críticos que solo parecen dedicar sus esfuerzos a crear, consumir y difundir el cine de terror. Admirar y defender películas, simplemente por la pertenencia a un género es algo absurdo. La medianoche es un terreno fangoso, lleno de criaturas extrañas y el terror, como género, (uno que incluye miles de sub-géneros y variaciones) sigue siendo inasible.
Maniac es la remake de un clásico tremendo del cine gore de los 80. El director de la original, William Lustig es, además, el irresponsable creador de la trilogía Maniac Cop y de una (su) obra maestra: Vigilante (1983). Maniac, la original, es una película brutal. Desde su estreno en 1980, ocupa un lugar de clásico entre los fanáticos más extremos del cine de terror. ¿Cómo olvidar la cajita de su edición en vhs local, en donde el maniático del título sostenía un cuchillo en una mano y en la otra la cabeza cortada de una mujer? En esa imagen, en donde el rostro del protagonista no se ve, esta la clave de esta nueva versión.
Leo el wikipeidistico párrafo anterior y me doy cuenta de lo lejos que estoy de aquel adolescente que consumía con malsana ansiedad todo ese cine de terror tan de los años 80. Argento, Lustig, Fulci, Henenlotter y siguen las firmas. Hoy en día, no puedo volver a ver estas películas. La última vez que intenté con El descuartizador de New York, la experiencia no sólo no fue placentera, sino que en más de una escena tuve que desviar la mirada y esperar que la cosa menguara. Ni hablar con los nuevos exponentes de cierto tipo de terror, muchos, los mejores de ellos, franceses. Ver Martyrs completa, fue para mi (valga la redundancia) un verdadero martirio. Me pregunto por qué, entonces, me sigo exponiendo a esas películas. Supongo que la respuesta está en cierta fidelidad a aquel niño que fui alguna vez y que consideraba El mas allá, de Lucio Fulci (vista en el cine Olympia de Mar del Plata junto a su padre) una de las mejores películas de una -en ese entonces- corta cinefilia.
Ese niño también recuerda que su padre abandonó la sala ante una terrible escena en particular, pero el pequeño cinéfilo, permaneció estoico hasta el final. Así de duro era ese niño y así de comprensible su padre. Al escribir esto también me pregunto que hacia un padre llevando a su hijo a un doble programa de terror prohibido para menores de 18 (por lo cual seguramente sobornó al boletero), en lugar de llevarlo a la playa. Pero como la respuesta de eso es parte de mi vida, mejor abandono este tono de José Luis Garci psicotrónico y sigo con lo que estaba.
Maniac, versión 2012, dirigida por Franck Khalfoun y producida y escrita por Alexander Aja (junto a su ladero Gregory Levasseur), rostro más visible y exitoso de un grupo de directores franceses que supieron darle nuevos aires al género, como suele decirse. Esta remake tiene dos notorias particularidades. La primera y más importante, está filmada desde el punto de vista del psicópata protagonista. O sea, nosotros los espectadores somos sus ojos. Eso sí, la puesta no es del todo rigurosa y a veces la cámara se eleva por sobre su protagonista y así lo vemos mejor en todo su esplendor y locura. Y aquí viene la otra particularidad, el (anti) héroe de la película no es otro que el pequeño Elijah Wood. En otras épocas, las estrellas que veían apagar sus brillos terminaban por aceptar papeles en películas clase B de terror, épocas en las que no existía Tarantino, casi como último intento por mantener sus carreras con vida. Hoy en día sorprende ver a Elijah (una gran estrella) aceptando protagonizar una película brutal como esta, que si bien no llega a los extremos de la original, no se ahorra ningún tipo de violencia. Para los que desconocen la trama, sepan que se trata de una leve variación de Psicosis (en este caso, incluso desde el casting). El personaje protagónico es el dueño de una tienda de maniquíes. La cabellera que lucen esos maniquíes provienen de bellas mujeres a las que Elijah caza por las noches para retirarles, de manera poco sutil, sus cabellos y de paso parte de sus cabezas. El uso del punto de vista del protagonista (un recurso que hasta Orson Welles pensó en utilizar para su adaptación de El corazón de las tinieblas, novela de Joseph Conrad que más tarde se transformaría en Apocalipsis Now!) funciona bastante bien, pero claro, no es llevado al límite. Repito, el protagonista es Elijah Wood. Imaginemos la cara del productor cuando le llevaron la idea y le avisaron que el protagonista, Elijah, iba a aparecer en pocas escenas. Funciona, decíamos, lo del punto de vista y sobre todo en una escena en particular, hacia el final de la historia, en donde un hecho fortuito y accidental, da vuelta (literalmente) la película entera.
Al buen sabor, ácido como la sangre, que nos dejó Maniac, hay que agregarle el ámbito donde la vimos junto a los amigos chilenos, René Naranjo, crítico y Raúl Camargo, programador, quien después de la pelicula no dudo en llamar a Elijah Wood “el señor de los cuchillos”. La función trasnoche en la Lumiere, la sala más grande del festival de Cannes, no lucia llena como de costumbre. El festival ya se acababa y la proyección empezó mas tarde que de costumbre. Pero no faltaban las señoras vestidas de gala y los hombres de esmoquin. A partir de la primera secuencia, brutal y sangrienta (como para dejar en claro de que iba la cosa), inmediatamente seguida del titulo Maniac escrito en letras rojas sonre un fondo negro, una señora elegantemente vestida y de tacos altos, altísimos, se levantó de su butaca y nos informó a todos que abandonaba la sala con un simpático y muy respetuoso "Bye, bye", que desperto las risotadas de toda la sala. A partir de ese momento, y ante cada escena sangrienta, la gente se retiraba en grupos. No era la calidad de la película lo que provocaba esto, era que la mayoría del público no tenia ni idea de que se iba a tratar. Obviamente, otros sectores de la audiencia no pararon de festejar durante toda la noche, aplaudiendo cada intervención de Elijah Wood, presente en la sala y merecedor de una gran aplauso al final de la función. De esto se trata la medianoche, de la comunión entre el público y la película que están viendo. De ese momento de celebración. Aunque lo que se aplauda y celebre sean cosas horrorosas, en más de un sentido. No parece tan difícil, y sin embargo...
Vuelvo por un segundo, antes de despedirme, a los críticos serios. En un viejo festival de Rotterdam, ya hace unos años, titularon una sección “La maquina cruel”. Un gran título que seleccionaba películas que ejercían algún tipo de crueldad, tanto hacia sus personajes como a los espectadores. (Con el tiempo la crueldad hacia los personajes y el espectador, se transformaría en la marca de agua del cine autoral, y una manera de asegurarse premios en festivales). No recuerdo los títulos de la selección, pero no se trataba de películas de terror sino de ese otro género llamado cine arty. Lo que  sí recuerdo, es que en ese grupo de películas estaba Funny games en su primera versión (la austríaca), de cuando Haneke era bueno.
Pienso en varios directores, considerados grandes autores del cine contemporáneo, que ganarían mucho si antes de querer mostrar sus visiones del mundo, sus miradas de artistas, se dedicaran al género del terror. Haneke seria uno de ellos, Bruno Dumont otro, (imaginen un película de terror con la intensidad de los últimos minutos de 29 Palms) y Gaspar Noe, si abandonara su nihilismo de enfant terrible para deleitarnos con una de miedo (y guión de otro, por favor). Pero todos estos directores (verdaderos autores, dicen) son gente muy seria, que piensa que el cine es otra cosa. Nunca algo que nos haga saltar de las butacas, y segundos después hacernos reír a carcajadas, inclusive con la misma escena. La solemnidad, y no otra cosa, es lo que va a terminar matando el cine.
Cuando Nanni Moretti vio Funny Games, dijo sentirse violado por la película. Años más tarde, premia a un Haneke al borde de la canonización, con la Palma de Oro y lo nombra el mejor director de cine vivo. Amour, la película en cuestión, trata sobre una pareja de ancianos artistas (interpretados por nada menos que Jean Louis Tringtignat y Emanuelle Riva) enfrentados a la enfermedad y la muerte. La muerte que enfrentan es la real, la que eventualmente nos tocara a todos, y de la cual no sabemos nada. No la otra, la más vital, catártica y llena de jolgorio, la muerte que nos trae un grandote con un machete en la mano y una particular máscara de hockey cubriendo su rostro.
Me despido pensando en si esto último que escribí tiene algún sentido. El ser humano no fue hecho para estar tanto tiempo en el aire. Nos vemos pronto.